En una entrevista con Neuron Business Media, Laura Medina, directora general de EKOA, compartió la visión y los logros de su despacho de arquitectura, especializado en proyectos sostenibles y regenerativos. Desde su creación en 2014, EKOA ha liderado la integración de técnicas tradicionales y tecnologías modernas en el diseño arquitectónico con el objetivo de minimizar el impacto ambiental.
TRAYECTORIA Y FUNDACIÓN DE EKOA:
En Madrid, complementando sus estudios en la Technische Universität Darmstadt en Alemania, donde descubrió el Solar Decathlon, un concurso internacional de viviendas sostenibles que inspiró su enfoque hacia la arquitectura bioclimática. Tras más de 12 años de investigación en sostenibilidad, fundó EKOA en México, un despacho que se especializa en proyectos de diseño y construcción sostenibles y regenerativos. Laura enfatiza que los arquitectos tienen una responsabilidad clave en la lucha contra el cambio climático, lo que impulsa la filosofía de EKOA.
ARQUITECTURA REGENERATIVA:
Combinando Tradición y Tecnología. Para EKOA, la arquitectura bioclimática no es algo nuevo; de hecho, es una adaptación de las prácticas arquitectónicas tradicionales, como las viviendas de adobe en Marruecos o las mayas en México, que respondían al clima local. Sin embargo, estas técnicas se perdieron con la Revolución Industrial. En EKOA, se busca combinar esos principios bioclimáticos tradicionales con tecnologías actuales, como paneles solares, captación de agua pluvial y plantas de tratamiento de aguas negras y grises. La empresa utiliza herramientas avanzadas como software de simulaciones energéticas, modelización BEM y análisis de confort, iluminación natural y flujos de aire para maximizar la eficiencia energética en sus proyectos. Además, se apoyan en tecnologías como software de modelización energética para optimizar cada fase del diseño.
PROYECTOS EMBLEMÁTICOS:
"Plaza NUU, energy zero building": Plaza Comercial Desconectada de la Red Eléctrica autónomo. Uno de los proyectos más ambiciosos de EKOA es la construcción de la primera plaza comercial en Querétaro completamente desconectada de la red eléctrica, con 1,500 metros cuadrados de superficie y finalizada en 2017. El edificio cuenta con 84 paneles solares que alimentan todo el espacio y un sistema autónomo de almacenamiento de energía. El proyecto también implicó el uso de 12 contenedores marítimos reciclados, lo que supuso un reto térmico resuelto mediante simulaciones energéticas. El edificio funciona sin sistemas de climatización y reutiliza el 70% del agua residual, lo que permite un ahorro del 75% en el consumo de agua potable. Todo ello con un costo competitivo de 16,000 pesos por metro cuadrado.
ENERGÍAS RENOVABLES Y EDIFICIOS NET ZERO:
El objetivo de EKOA es minimizar el consumo energético antes de recurrir a soluciones activas como paneles solares. Un edificio Net Zero es aquel cuyo consumo energético es igual a la energía que produce, y EKOA busca lograr esto en sus proyectos mediante la combinación de arquitectura eficiente y energías renovables. Según Laura, es crucial resolver la eficiencia de los edificios desde el diseño arquitectónico, optimizando la envolvente y las orientaciones, para luego implementar sistemas de energía renovable que cubran las necesidades energéticas restantes. Aunque no todos los proyectos pueden llegar a ser completamente Net Zero, EKOA sigue una filosofía regenerativa, aspirando a que los edificios produzcan su propia energía y agua, cerrando los ciclos como lo hace la naturaleza.
ECONOMÍA CIRCULAR Y MATERIALES SOSTENIBLES:
La economía circular es otro pilar en la arquitectura de EKOA. Esto implica elegir materiales que puedan ser reciclados o reintegrados en el ciclo natural, minimizando la huella de carbono durante todas las fases de construcción: extracción, transporte, instalación y desecho. En algunos proyectos, han utilizado técnicas de bioconstrucción con tierra y otros materiales naturales, y buscan continuamente maneras de reducir residuos, explorando materiales reciclados y nuevas tecnologías. Laura mencionó un proyecto inspirador en Argentina, donde se construyó una escuela usando materiales reciclados como llantas y residuos sólidos, demostrando que la reutilización de materiales es una posibilidad real en la construcción moderna.
COLABORACIÓN Y SINERGIAS CON OTRAS INDUSTRIAS:
EKOA trabaja en estrecha colaboración con especialistas en gestión de residuos, bioconstrucción y certificaciones energéticas, creando sinergias que fortalecen el impacto de sus proyectos. Para Laura, el trabajo en equipo es fundamental, ya que la sostenibilidad requiere la participación de múltiples sectores e industrias. Desde la gestión de residuos hasta el uso de inteligencia artificial en la optimización de edificios, EKOA busca un enfoque integral que abarque todas las dimensiones del desarrollo sostenible.
EL FUTURO DE LA ARQUITECTURA REGENERATIVA:
De cara al futuro, Laura Medina cree que el cambio climático obligará a que los edificios sean autónomos en cuanto a agua y energía, y que la alimentación y el acceso a recursos básicos serán retos cada vez más críticos. Aunque la conciencia está creciendo, especialmente entre las nuevas generaciones, todavía falta mucho por hacer para implementar soluciones sostenibles a gran escala.
INVOLUCRANDO A LA COMUNIDAD LOCAL Y FOMENTANDO LA EDUCACIÓN AMBIENTAL:
EKOA también está comprometida con involucrar a las comunidades locales en sus proyectos, sobre todo en aquellos relacionados con la bioconstrucción, y colabora con universidades en programas educativos sobre sostenibilidad. Laura destacó la importancia de educar no solo a los trabajadores de la construcción, sino también a la sociedad en general, para evitar prácticas de greenwashing y fomentar un enfoque genuino hacia la sostenibilidad.
CONCLUSIÓN:
Un Llamado a la Acción
Laura Medina cerró la entrevista con un llamado a la responsabilidad y la acción conjunta de todos los actores involucrados en la construcción sostenible. La arquitecta subrayó la necesidad de avanzar rápidamente hacia prácticas regenerativas y sostenibles, ya que el cambio climático no espera. El compromiso de EKOA con la arquitectura regenerativa, la economía circular y las energías renovables ofrece un camino hacia un futuro más sostenible y resiliente.
Empezaré este artículo con una frase del Arquitecto Norman Foster, que dice lo siguiente: “As an architect, you design for the PRESENT with an awareness of the PAST for a FUTURE which is essentially UNKNOWN” -“Como arquitecto diseñas para el PRESENTE, con la conciencia del PASADO para un FUTURO que esencialmente es DESCONOCIDO”. Los arquitectos cuando diseñamos usamos términos como belleza, habitar, integración, materialidad, modularidad, flexibilidad, ergonomía, vernáculo, usuario, experiencia, armonía... y sostenible, entre muchas otras palabras extraídas de la jerga arquitectónica. La arquitectura es, según la definición por la RAE:” El arte de proyectar y construir edificios”. Hoy en día, sigue vigente esa definición, pero… ¿Entonces el término sostenible, dónde queda? Si tan importante es hoy en día, ¿Por qué no se menciona? Sabemos por definición que en 1987 se definió desarrollo sostenible con el informe Brundtland, como: “aquél desarrollo capaz de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”. Es por esto, que la arquitectura sostenible busca reducir estas emisiones y el impacto ambiental de los edificios mediante el uso de materiales de bajo impacto, la eficiencia energética y la conservación de los entornos naturales y urbanos existentes. Me llama mucho la atención algunas cosas dentro de nuestra profesión: ¿No debería estar implícita la sostenibilidad en la definición de la arquitectura? ¿Hacemos arquitectura o arquitectura sostenible? ¿Por qué se sigue presentando como un añadido dentro del sector? Los arquitectos cuando expresamos o queremos transmitir el concepto de nuestro proyecto al cliente, ¿Realmente somos sinceros con las palabras que estamos empleando? ¿Estamos seguros de que los conceptos que estamos describiendo se están cumpliendo en nuestro proyecto o estamos frente a un discurso de venta, o lo que es peor, de greenwashing? Como podemos ver, hoy en día todos hablamos y escuchamos de sostenibilidad en cualquier medio e incluso en nuestro círculo cercano: campañas publicitarias, políticos, cumbres de cambio climático, desgracias climáticas que nos transmiten los medios informativos, economía circular, el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, las certificaciones de edificios, etc. Por el contrario, todos los esfuerzos que se hacen a nivel privado, público, organizacional, personal etc, ¿Realmente se cumplen o se quedan en un mero discurso? De no cumplirse, en el caso concreto de la arquitectura, ¿Por qué no se están llevando a cabo? ¿Cuál es el freno por el cual no tenemos todavía la conciencia de lograr diseñar un edificio sostenible, como arquitectos, desarrolladores, contratistas, clientes y demás personal involucrado en el proceso de diseño y ejecución del proyecto? ¿Por qué nos sigue importando más la belleza, y la función y dejamos de lado, o no le damos la importancia que se debe de dar, a la parte sostenible del proyecto? Bueno, todas estas preguntas arrojadas, llevan a una reflexión del cambio de modelo de un esquema lineal o tradicional a un proceso de diseño integrado (Integrated Design). Este “nuevo” proceso de diseño, pretende incorporar a todos los consultores especialistas involucrados en el proyecto desde el inicio del mismo, trabajando en un marco conjunto, con el fin de maximizar la capacidad de diseñar un edificio donde todos los valores arquitectónicos mencionados anteriormente, se cumplan, donde todas las disciplinas técnicas como arquitectura pasiva, estética, funcionalidad, simulación y modelados energéticos, sistemas activos, ingenierías, expectativas del cliente, parte social o costos, entre otras, estén consideradas desde el anteproyecto, como muestra la imagen comparativa de un proceso lineal versus diseño integrado. Esto es esencial si queremos alcanzar los estándares de un proyecto eficiente energéticamente, sostenible, net zero, o incluso regenerativo y en beneficio de la óptima construcción, operación y desempeño del edificio. No olvidemos que un edificio es presente y futuro, por lo que la economía circular, un término que no hemos mencionado hasta ahora, juega un rol fundamental, siempre y cuando se implemente y no se quede en un mero discurso en papel. Un buen ejemplo de lo que estamos explicando es el siguiente: es muy incongruente trabajar de forma aislada o separada las condiciones climatológicas que influyen al lugar, y en consecuencia, a su forma, orientación y configuración, sin tener en cuenta la ventilación del edificio, o la calidad del aire interior. Ambos conceptos están estrechamente relacionados, y deben de trabajarse en conjunto. El confort térmico es una consecuencia directa de todas las decisiones de diseño que tomamos: desde la orientación, la forma, la elección de los materiales de la envolvente térmica, el sistema de ventilación, el porcentaje de acristalamientos y ubicación de los mismos, etc. Debemos de conseguir como arquitectos al menos un 80% de confort durante las horas de ocupación del edificio sin recurrir a sistemas de climatización, si es que queremos hacer las cosas de forma correcta en cuestiones medioambientales y económicas. Evidentemente, para lograr esto, todo el equipo tiene que tener la conciencia, liderazgo, comunicación, ética profesional, iniciativa y profesionalismo para garantizar el éxito del diseño integrado, olvidándonos de nuestro “yo”. En este proceso, que requiere de una excelente coordinación y compromiso sustancial del equipo, con reuniones periódicas entre los miembros relevantes del equipo de especialistas, podemos llegar a compartir conocimientos, habilidades, y lograr transmitir un lenguaje común y las mejores soluciones. Una frase de Viktor Frankl dice: “Cuando las prioridades están claras, las decisiones se hacen fáciles”. Cambiemos de paradigma, entendamos cuales son las necesidades actuales, y trabajemos en conjunto para lograr un gran proyecto del que estemos orgullosos, no como arquitectos, sino como equipo integrador.
La idea generadora del proyecto PLAZA NUU es convertir este espacio de la ciudad de Querétaro en un referente arquitectónico de un edificio Energy Zero. Es crear arquitectura sostenible y bioclimática. Plaza NUU , proyecto elaborado por el despacho EKOA, ubicados en Querétaro, encargada del diseño, construcción, estudios bioclimáticos y monitoreo (www.ekoa.com.mx); es un proyecto que cuenta con 8 espacios destinados a oficinas y a pequeñas empresas emprendedoras ubicadas en contenedores marítimos reciclados de menos de 10 años. La zona de intervención del proyecto es un terreno con un área de 409.75 m2, 1080 m2 construidos. La volumetría del edificio no es compacta, generando una plaza a nivel de calle, así como plazas subsecuentes en los niveles superiores con el fin de crear espacios exteriores que generen comunidad y permitan la interacción social de los ocupantes. Los retos principales del proyecto desde el punto de vista arquitectónico fueron los siguientes: El primero, demostrar que mediante la arquitectura pasiva podemos lograr diseñar un espacio confortable a través de la ventilación, la iluminación natural, las vistas al exterior, y el acondicionamiento acústico y térmico del espacio. El segundo fue el estudio de las demandas de refrigeración y calefacción, para evitar la introducción de un sistema activo de climatización o disminuir su demanda. En el inicio del anteproyecto, se extrajeron datos climáticos, se analizaron las estrategias de confort más adecuadas, la orientación óptima del edificio, o la dirección de los vientos predominantes, entre otros.
¿Ya conocías Plaza Nuu? Te compartimos cómo se vivió la experiencia. Un proyecto enfocado en la arquitectura sostenible y bioclimática dentro de nuestra ciudad. Durante el recorrido se compartieron los procesos y sistemas que lo integran, haciéndolo una propuesta única y especial para el cuidado de su entorno y medio ambiente, además de presentar un mayor aprovechamiento de su contexto natural ¡Nos encantó está perspectiva! ¿Conoces más proyectos así en Querétaro? "Recuerda, las llaves de la ciudad son tuyas"
Todos hemos escuchado hablar de bioconstrucción, y de eficiencia energética, pero, ¿Sabemos que significan realmente? Por lo general, son dos términos que escuchamos de forma recurrente en nuestro día a día, desgraciadamente de forma aislada, y cada uno asociado a conceptos diferentes, tal vez uno se asocia más a un proyecto de bajos recursos, y el segundo con la industria y a las ingenierías eficientes. Me gustaría poder romper con este paradigma o falsas creencias que a veces se nos pueden pasar por la cabeza. Los dos términos deben de ir ligados al 100%. Para poder entender qué relación existe entre ambos términos, debemos conocer cada uno de ellos por separado, pero trabajar con los dos de forma conjunta para lograr una arquitectura respetuosa con el medio ambiente y sin emisiones de Co2, incluso incorporando un tercer término, la autoconstrucción del proyecto, que permite involucrar a la población, aporta enseñanzas y que logra permear el conocimiento y la cultura sostenible a la sociedad donde se emplaza el proyecto.
Despierto a Damla con un movimiento suave. Hace fresco. Nos quedamos dormidas bajo la hermosa sombra de la jacaranda del patio que invade la azotea de nuestra casa de una planta, bañándonos de tonalidades, mariposas, destellos de luz y sonidos de las aves del lugar. El centro histórico de Querétaro es una red natural biodiversa llena de fauna, flora y árboles cuyas ramas y raíces se entrelazan entre patio y patio de cada casa, cuyas buganvilias protegen las fachadas del calor y son el hogar de pequeños insectos. Me quedaría mirando, pero se nos hace tarde y mamá nos va a regañar. Tenemos que recoger los tomates del huerto para hacer la ensalada que nos encargó. Hoy es su cumpleaños y no podemos retrasarnos. Viene toda la familia y es su 70 aniversario. Damla no entiende mi apuro y me llena de lametones, quiere jugar. Menos mal que el viento y el sonido de esos pájaros petirrojos nos despertaron. Mi ciudad mexicana cada día está más bonita. Miro a mi perrita y recuerdo cuando todavía no la tenía conmigo. Esos años eran de gran preocupación. Vivíamos en otro lugar, y tuvimos que emigrar porque ya no teníamos agua ni comida. Nuestros hogares estaban contaminados, la basura nos invadía y los peces estaban llenos de micro plásticos. Solo una pequeña parte de la población tenía alimento y apenas alcanzaba la comida para todos. No entendía porque existían las guerras y las fronteras, y tampoco entendía porque todos se peleaban por papeles que por lo visto tenían mucho valor. ¿Por qué las personas se enfermaban continuamente en sus casas y estaban tan apagadas? El ladrido de Damla me trae de nuevo al presente y apuro el paso. Bajamos las escaleras, y entramos en la casa a través del patio, encargado de regular la temperatura interior de las estancias y de aportar iluminación y ventilación natural, privacidad, silencio y paz en nuestro hogar. Cuando llegamos todavía permanecían algunos muros de concreto derruido y frío abrazando la soledad del interior. No fue un águila que se posó en un nopal, sino un pequeño brote verde en medio de tanta ceniza lo que me hizo valorar que este lugar era mágico. Sabía que había esperanza y que lo íbamos a lograr reconstruir de forma sostenible. Ese brote es la jacaranda que ahora me llena de flores. Construimos la casa con mi papá, que era permacultor y bioconstructor. Gracias a su pasión yo quise estudiar arquitectura. Juntos pudimos diseñar una arquitectura vernácula con muros de tierra compactada que nos regulan la temperatura, una estructura de madera de productores locales y sostenibles, y acabados naturales que nos permiten respirar un aire limpio y sano. ¡No nos hemos vuelto a enfermar! La casa consta de varias recámaras y áreas comunes orientadas para no tener frío ni calor en ninguna época del año. Nuestra energía viene de paneles solares, el agua que consumimos la almacenamos de la lluvia, y todo el agua que usamos la tratamos y la volvemos a reutilizar en nuestras plantas, cerrando el ciclo. Un pequeño brote verde de Laura Medina En la cocina el aire tiene el olor de una sopa recién hecha. Damla ya la había localizado con su olfato y estuvo a punto de comérsela. ¡Menos mal que le quité la garra a tiempo!. Es mi sopa favorita, receta de mi abuela, y secreto de mis antepasados. Todavía humea y se nota que los fogones están recién apagados. ¿Dónde habrían ido mis papás? Dejo las frutas y verduras en la alacena y abro las persianas de las ventanas para que se caliente el interior de la sala. Intrigada, llamo a Damla y salimos a la calle buscando entre las bicicletas y personas caminando, intentando localizar a mis padres. No les veo, pero mis ojos se van directo a los flanes caseros de Lupita, que está vendiendo en ese momento. No puedo evitar la tentación y camino hasta su puestito. Ya no existen los centros comerciales ni los monopolios de empresas, las ciudades ahora cuentan con una red de oficinas colaborativas de las diferentes profesiones y de mercados comunitarios con productores locales y una temática diferente: mercados textiles, de alimentos, o de homeopatía entre otros. Me encanta poder encontrarme a todos mis vecinos y poder ver a todos colaborando, intercambiando sus productos. Red de mercados comunitarios, red de lugares de trabajo, red social de cultura y patrimonio, red de parques, un urbanismo interconectado y pensado para el peatón y el transporte sostenible. Aprovecho para llevar también a mi madre un bote de miel de Itzel, la vecina de la calle 5 de mayo; el perfume de lavanda de Rosita de la sierra, y mole de la familia oaxaqueña; el más rico que he probado. Compro también dulces árabes de Kareem, y Matoke, y una comida típica yucateca hecha por el hombre más guapo y chef más prestigioso de toda la comunidad, Ikal. Siempre me sonrojo cuando me mira… Tal vez podría haber traído mis tomates para intercambiar algunos con él y poder profundizar más en la conversación. Vuelvo bordeando el río de aguas cristalinas, lleno de garzas y patos en sus orillas y algunos señores leyendo. Me distraigo un segundo y Damla ya tiene un pez en la boca ¡Qué vergüenza! Le hago un gesto y lo suelta. Menos mal que nadie nos vio. Aquí se respetan a todas las especies, hemos luchado mucho por recuperar la biodiversidad en la ciudad. La perra ladra. ¡Calcula el tiempo mejor que yo! Es hora de ir a casa antes de que lleguen los invitados y también mis padres. Ya mañana vendré otra vez de compras con las amigas a intercambiar algunas prendas que ya no uso. ¡Día de chicas y chocolate caliente! Me encantan los olores, texturas y colores de las telas sostenibles que encuentro en las tiendas. Y pensar que hace unos años, la industria textil era un gran problema…Gracias a la producción local, muchos saberes se recuperaron. Veré que se me antoja mañana. Ahora toca disfrutar de mi familia, de la cual estoy tan orgullosa. ¡Han trabajado tanto para poder brindarnos este mundo, que ya no tengo que soñarlo! Mañana pensaré en mis vacaciones, ya puedo visitar cualquier lugar del mundo, por fin logramos ser un mundo sin fronteras, una comunidad unida, igualitaria, sostenible, alegre, sana, equitativa, tolerante, respetuosa y regenerativa. Lo logramos.
La palabra SUSTENTABILIDAD en México y en el mundo se escucha en nuestro día a día: en los medios de comunicación, en los directorios, en los reportes de las empresas, en las ONG, en los reguladores, en los certificadores, en los mercados, en los centros de estudios. Es un concepto que ocupa el centro mediático y, sin embargo, ¿cuántas iniciativas federales o locales, empresas, organizaciones mexicanas, y del resto de Latinoamérica son genuinamente sustentables? A continuación, explicamos qué es la sustentabilidad, cuándo comenzó la preocupación en el mundo de actuar con responsabilidad para recuperar la calidad medioambiental, social y económica, y cómo se refleja esto concretamente en nuestro país. En primera instancia, debemos entender que es la sustentabilidad de forma genérica. Ésta se refiere a la administración eficiente y racional de los recursos, de manera tal que sea posible mejorar el bienestar de la población actual sin comprometer la calidad de vida de las generaciones venideras. La arquitectura bioclimática, sostenible, natural o ecológica, por tanto, representa el empleo y uso de materiales y sustancias con criterios de sostenibilidad, es decir, sin poner en riesgo su uso por generaciones futuras, representa el concepto de gestión energética óptima de los edificios de alta tecnología, mediante la captación, acumulación y distribución de energías renovables pasiva o activamente, y la integración paisajística y empleo de materiales autóctonos y sanos, de los criterios ecológicos y de eco construcción. Dicha arquitectura representa la vuelta a los criterios elementales, a la arquitectura de nuestros antepasados, a una arquitectura basada en la lógica, y fundamentada en criterios igualmente razonables con respecto al clima. Las medidas más eficaces que representan la mayor aportación no cuestan nada, son el resultado del empleo lógico de los elementos constructivos y del diseño. Para entender la preocupación del presente, necesitamos remontarnos a la historia. Desde los romanos hasta el siglo XIX, la arquitectura era doméstica y vernácula, era sentido común, la cual cayó en desuso tras la revolución industrial, una época en la que el hombre explotó los recursos naturales del planeta hasta su agotamiento debido a la mayor distribución de la riqueza, y al relativo abaratamiento de la energía. Durante el siglo XX, factores clave como el cambio climático, el crecimiento poblacional acelerado, la demanda energética, la escasez de recursos, del agua y combustibles fósiles, y la proliferación de los residuos abren los ojos al mundo, y comienza la carrera hacia el desarrollo sostenible. La opinión y los poderes públicos empiezan a tomar conciencia de la necesidad de proteger el entorno natural y se comienzan a evidenciar estos problemas en las Cumbres internacionales. El modelo económico de los países industrializados fue cuestionado por primera vez en 1968 con el llamamiento del Club de Roma, publicando en 1972 el “Alto al Crecimiento”, en el que se afirmaba la necesidad de asociar la protección de la naturaleza al desarrollo económico. La primera cumbre de las Naciones Unidas sobre el hombre y el medio ambiente se celebró en Estocolmo en ese mismo año.